El blanco germina en la lógica del cuidado,
de un acto humano y una constancia vigilante,
convirtiéndose en pensamiento en forma de naturaleza.
Quinta estación de sustancia etérea,
el tiempo se encarna en esa blancura arcana;
nos mira sabio, lejos de lo profano,
espejo que vence la última distancia.



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