En el corazón del bosque, donde el tiempo camina despacio, el hombre se encontró con el último aliento de diciembre.
El Año: —¿Por qué buscas mi sombra en el silencio, mientras el mundo celebra con estruendo? —preguntó con voz de hojas secas.
El Hombre: —Porque quería darte las gracias —respondió él—. Pareces agotado por el peso de los días.
El Año: —Es cierto. En mis hombros cargo el frío de tus derrotas y la humedad de tus lágrimas. Pero también guardo el oro de tus risas, el calor de aquel abrazo y la luz de tus pequeños milagros. Soy el cofre de todo lo que sentiste.
El Hombre: —¿Y ahora qué pasará con nosotros?
El Año: —Me convierto en raíz para que tú seas flor. No me voy vacío: te dejo la sabiduría de lo vivido y la paz de haberlo intentado. Mira hacia adelante, porque el horizonte ya se tiñe de estreno.
