Y vi a siete ángeles de pie delante de mí, y cada uno tenía una trompeta de oro.
Primera trompeta (8:7)
El ángel tocó la trompeta, y del cielo descendió un rocío de verdad:
«¡Mirad la Tierra, es vuestro hogar!»
Y los hombres, conmovidos en lo más profundo de su corazón, rompieron las cadenas de la indiferencia y comenzaron a sanar el suelo herido.
Segunda trompeta (8:8-9)
Sonó la segunda trompeta, y una estrella luminosa, como una antorcha de amor, cayó en los mares.
Las aguas, antes oscurecidas por el egoísmo, se convirtieron en puras transparencias, y los pueblos aprendieron a custodiarla como algo sagrado.
«Cada gota es vida», dijeron.
Tercera trompeta (8:10-11)
Al tercer toque, cayó del firmamento la estrella de la Sabiduría, y los ríos del odio y de la mentira se transformaron en ríos de compasión.
«Bebed el agua del perdón», gritó el ángel, y todos los sedientos de justicia saciaron su sed juntos.
Cuarta Trompeta (8:12)
La cuarta trompeta resonó, y un nuevo resplandor envolvió al sol, a la luna y a las estrellas.
Los hombres comprendieron: «Todos sois hijos de la misma luz», y las guerras cesaron.
Las espadas se forjaron en arados, y las noches se volvieron serenas.
Quinta trompeta (9:1-11)
Al sonar la quinta trompeta, un viento de conocimiento sopló sobre los pueblos, y los corazones endurecidos se derritieron como cera al sol.
«¡Levantaos, los que dormís!», proclamó el ángel, y la humanidad despertó del sueño de la ignorancia.
Sexta Trompeta (9:13-21)
Al sonar la sexta trompeta, vieron brotar las semillas de la unión, y los pueblos de Oriente y Occidente se unieron en un pacto eterno.
«No más divisiones», anunciaron, «¡sois libres! Ya no seréis un rebaño bajo un Pastor».
Séptima Trompeta (11:15-19)
Por fin, el séptimo ángel tocó la trompeta, y una voz tronó en los cielos:
«¡El reino de este mundo se ha convertido en el Reino de todos los corazones!
Habrá comprensión, y la Tierra será como un paraíso resurgido».
Entonces se oyó un canto nunca antes escuchado: el coro de todas las criaturas, en armonía con las estrellas.
(Renacimiento 21:1-4)
«Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva,
pues el dolor y la destrucción habían desaparecido.
Y Aquel que vive en todos nosotros dijo:
“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”».
