El secreto de las arqueas Asgard y la magia de las cianobacterias
Yun era un niño inteligente y curioso que vivía en un árbol con su padre, un mago tecnológico amable pero a veces gruñón. Yun se aburría a menudo y siempre buscaba algo nuevo y emocionante que hacer.
Un día, mientras exploraba el bosque, encontró una extraña canción dentro de un tronco hueco que le transportó a la era arcaica, hace más de dos mil millones de años. Hace mucho tiempo, cuando la Tierra era muy joven, no había plantas ni animales ni personas, sólo había rocas, agua y algunos gases en el aire. Pero en el fondo del mar, cerca de las fuentes hidrotermales, vivían unas criaturas muy especiales: las arqueas.
Las arqueas eran microorganismos muy pequeños, tanto que sólo podían verse con un microscopio. Eran muy resistentes y podían soportar condiciones extremas de temperatura, presión y acidez. Entre las arqueas, había un grupo especial: las arqueas de Asgard. Estas arqueas tenían un secreto: en el interior de sus células albergaban trozos de otras células que se habían tragado. Estos trozos se llamaban endosimbiontes y tenían una función muy importante, la de ayudarles a obtener energía.
Los endosimbiontes eran bacterias con superpoderes, las cianobacterias. Estas bacterias tenían la capacidad de hacer la fotosíntesis, es decir, de utilizar la luz solar para convertir el agua y el dióxido de carbono en azúcar y oxígeno. El azúcar era el alimento de las arqueas y el oxígeno era un gas que liberaban en el agua.
Las arqueas de Asgard y las cianobacterias vivían en simbiosis, es decir, se ayudaban mutuamente. Las arqueas daban protección y nutrientes a las cianobacterias y éstas daban energía a las arqueas. Así, formaron una célula más compleja y eficiente que las demás. Pero no todo era paz y armonía en el fondo del mar. Había otras arqueas y bacterias que querían robar el secreto a las arqueas de Asgard. Estas arqueas y bacterias eran muy agresivas y atacaban a las arqueas de Asgard para intentar comerse sus endosimbiontes.
Las arqueas de Asgard tenían que defenderse de estos ataques y para ello contaban con la ayuda de sus endosimbiontes … (continuará)

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